Álbum Fotográfico Gran Canaria

Reportaje De Boda En Murcia

Sevilla acoge la sexta edición de la Convención internacional de Foro de fotógrafos del 24 al 26 de noviembre en FIBES, un evento para el que hay programados gran cantidad de talleres y ponencias de especialistas del sector. Es lamentable que el Ministerio de Cultura de turno, haya renunciado a la vocación de reconocer, inventariar, catalogar y divulgar la Fotografía Española del siglo XX. El NEORREALISMO HISPANO es una evidencia contemplada desde España con recelos, complejos y prejuicios, con respecto a su homólogo italiano. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, ha presentado una raquítica muestra, mientras revistas de fotografía francesas ya se hicieron eco a su tiempo. Además de los fotógrafos que destacaron y hoy son conocidos, debemos constatar los discriminados por la cultura franquista y post-franquista.

Recientemente, Carlos Miguel, ha colaborado junto con otros colegas que aún están entre nosotros, trabajando en el ensayo histórico sobre la marginación del REALISMO HISPANO. El pasado año 2011, mientras este libro-catálogo iba a ser editado por la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, el Ministerio de Cultura otorgaba el Premio Nacional de Fotografía, precisamente, a un fotógrafo mencionado más arriba, Rafael Sanz Lobato.

Pero la disolución de las cámaras legislativas, vino a dar al traste con el proyecto después de estar a las puertas de la imprenta. El actual Gobierno es obvio que si está derrumbando los pilares del Estado del Bienestar, no se le pueda pedir peras al olmo. No obstante, el trabajo desarrollado pone una primera piedra que avivar la esperanza de que la Fotografía Española, tenga un lugar físico en la Historia. En ocasiones, este iba acompañado de un trozo de morcilla, que a ellos no les sobraba, y que compensaba la acidez del caldo ofrecido.

Sumergirse años atrás en el túnel del tiempo, dejando huella de una España de la post guerra, marcada por una contienda cruenta y un pueblo todavía trazando surcos con el arado romano, es tarea bastante ardua en la distancia que hoy nos ocupa. Hubo quien criticó nuestra verdadera intencionalidad acusándonos de resaltar un mundo de pobreza persistentemente aislado en el tiempo, pero lo cierto es que, sin conciencia de ello, casi sin saberlo, fuimos notarios de algo latente que estaba allí”, y que con el paso del calendario, más tarde sería un testimonio llamado a desaparecer. Por mi parte, gloria y largos años profesionales para el que yo llamo El irascible cabezota”.

Fuimos testigos de algo que 30 años después, la pluma del insigne Miguel Delives plasmara en su novela Los Santos Inocentes”, y que Mario Camús, el director de cine, trasladara a su cartel de propaganda de la película, mostrando esa humilde familia a la puerta de una casa desvencijada. Allí coincidimos y allí maduramos artísticamente, posiblemente sin más nexo que nuestra pasión por el mundo de la imagen.

Éramos nueve muchachos que llegábamos apretujados en dos cochecillos de la época, para transmitirnos intuitivamente nuestro amor por la fotografía, haciendo una radiografía de unos pueblos con adultos mal vestidos, pero eso sí, con sus hijos luciendo ropa de domingo y un único traje que habrían de cuidar hasta quedarles estrecho. Salíamos de nuestras casas, para aprovechar el tiempo, a las 7 de la mañana con el enfado (los casados) de nuestras familias por robarles parte de un día de asueto, no disculpado pese a volver con algún pan de pueblo bajo el brazo.

De alguno llegué a ser amigo entrañable, de otros, compañero de aficiones, pero siempre colegas unidos por el lazo amigable del entonces llamado cuarto oscuro, hablando y viviendo en nuestros encuentros de una sola cosa: LA FOTOGRAFÍA. Inicialmente fuimos nueve personas, aunque más tarde, casi como relevo, surgieron otros fotógrafos que nos sucedieron en época y tendencia.

Coincidimos en la vieja Real” al igual que los pájaros migratorios, que sin un sentido formal, pero intuitivamente, comparten un mismo destino. La Real Sociedad Fotográfica, que en la madrileña calle del Príncipe, hace más de un siglo inaugurara el rey Alfonso XIII, y más tarde presidiera el Nobel Don Ramón y Cajal, pionero en el mundo de la fotografía en color, fue nuestro lugar de encuentro. Dicen que para hacer historia hay que comprometerse; yo quiero limitarme simplemente a referir los hechos. Se habla de Escuela de Madrid” de NEORREALISMO HISPANO”, y de quien tiene no cabida en dichos calificativos.

El mencionado sector dominante se tituló La Palangana” con la explicación literal de que en su conjunto sólo habría cabida para las fotos selectas que cupieran en una palangana, realizadas por supuesto por los beneficiarios de siempre. Aplicado ello a los dirigentes que rigen una sociedad, si esto no es exclusivismo, que venga el Santo Patrón de la fotografía y nos lo explique. Puede que para muchos esta parte no tenga la mayor relevancia, pero en realidad fue el germen que generó, casi ignorándolo, la formación de nuestra abierta oposición a la dictadura imperante en la Sociedad.

Ambos artículos cayeron como una bomba para unos, y para la mayoría, como una especie de manifiesto y toque de atención por la situación existente. El ideario fue que se formara un conjunto de aficionados laboriosos como las abejas y abierto a todo el que quisiera aportar algo multiplicando un panal de celdas, fuera su trabajo, bueno, regular malo. Comenzaré por el más veterano del grupo en lo que respecta a edad y entrega desinteresada al mundo de la imagen. Ateniéndome a esta norma y según mi sentido del honor, tuve que pagar a Carlos lo convenido.

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